A veces hace falta muy poco para convertir un sábado corriente en una pequeña celebración. El lugar adecuado, la gente adecuada… y un barco que sabe crear ambiente. Eso fue exactamente lo que ocurrió a bordo del Grand Bohemia, donde recibimos a las estrellas del Teatro Musical de Karlín con motivo del estreno del musical Frozen.
Esta vez, sin embargo, no se trató de una rueda de prensa clásica. El encuentro tuvo más bien el carácter de una velada amistosa que el de un acto oficial. En un momento en el que los ensayos están en pleno apogeo y todo el teatro vive la historia de Arendelle, el tiempo se detuvo por un instante y la magia de Frozen se trasladó al Moldava.
El ambiente a bordo era exactamente el que más nos gusta en nuestros barcos: relajado, cálido y lleno de risas. Nuestro equipo de catering cuidó de los invitados con gran mimo, perfectamente acompañado por los vinos de la bodega Vajbar y los legendarios bocadillos abiertos de Libeřské lahůdky. Y aunque en el barco se estaba agradablemente, el ánimo era tan vivo que no faltaron el canto ni el baile. Porque cuando la energía teatral se encuentra con el río, es imposible quedarse quieto.
Y, para ser sinceros, los actores no se quedaron solo en la conversación. También demostraron tener mucho talento fuera del escenario. Una simpática competición de curling en la pista de hielo Petr, justo junto al Moldava, aportó muchas risas, sana rivalidad y la prueba de que las estrellas de Frozen saben desenvolverse incluso en terrenos realmente resbaladizos.
Después llegó el momento en que la atmósfera se calmó suavemente. En el marco mágico del parque luminoso Europe – Story of Lights, Inez Ben Ahmed y David Gránský interpretaron un fragmento del musical. Fue precisamente entonces cuando la velada pasó de ser una hermosa experiencia a algo más profundo.
Junto con Eva Burešová y sus compañeros, recogieron una gran caja de peluches Squishmallows, que irá destinada a los niños ingresados en la unidad de oncología del Hospital Motol. Un momento que recordó que los cuentos no existen solo sobre el escenario, sino también en la vida real, donde pueden llevar alegría y esperanza. Y también que la alegría es más valiosa cuando podemos compartirla.
Esta noche nos recordó una vez más por qué hacemos lo que hacemos. Un barco no es solo un medio de transporte. Puede convertirse en un lugar de encuentro, emociones e historias. Y, al igual que Frozen, los cruceros con Prague Boats pueden cautivar tanto a pequeños como a mayores.
Porque a veces Arendelle no está escondida en un cuento.
A veces está amarrada justo en el Moldava.
































































































































































































